Desde California nos llega la historia de Jim Zets, un orgulloso padre y abuelo, quien siempre supo disfrutar de lo bueno de la vida. Rodeado de tanto optimismo, jamás le pasó por la mente que su reloj estaba dando las últimas horas…

Hace muchos años, este hombre se casó con Grace, la mujer de sus sueños, a quien le fue fiel hasta el final de sus días.

La pareja tuvo hijos, y luego llegaron los nietos. Según todos los que le conocían, Jim era un padre de familia ejemplar.

Cuando Jim pasaba de los 50, llegó su primer nieto. Pero esa no fue la única sorpresa: ¡De repente, Grace anunció que estaba embarazada! Pues sí, esta pareja de mediana edad tuvo una preciosa niña, a quien llamaron Josie.

Josie era la hija menor y la favorita de Jim. Sin embargo, cuando la chica cumplió 10 años, la familia recibió una terrible noticia. Durante un examen de rutina, Jim, de 62 años de edad, fue diagnosticado con cáncer de páncreas, ya en estado terminal.

El hombre lamentaba de no poder estar presente el día de la boda de su hija pequeña, sin embargo, estaba resuelto a no perderse un evento tan importante. Él sabía que ese también era el sueño de su chiquita: que papá la entregara camino al altar…

Entonces, a Jim se le ocurrió una brillante idea, que resultó ser la solución perfecta para todos: hacer una fiesta de «boda», mientras él aún pudiera estar allí. Esta boda quedaría inmortalizada en una sesión fotográfica, y sería el mejor regalo por el 11 cumpleaños de la niña.

Días antes del evento, el hombre ordenó un pastel, un vestido perfecto para su princesa preferida, los arreglos florales y, por supuesto, envió invitaciones para la fiesta de esta boda inusual. ¡La ceremonia fue solemne!

Josie apareció frente a sus invitados, luciendo un vestido de novia blanco, y Jim se puso un traje de fiesta. La hija fue conducida por su padre hasta un improvisado altar, donde les esperaba un pastor.

Después de un sentimental discurso, el sacerdote comentó: «Los declaro padre e hija!» Al oír estas palabras, las lágrimas escaparon de los ojos del hombre, quien siempre se mantuvo bien firme.

En ese día se derramaron muchas lágrimas, con un sabor agridulce a felicidad, pero también, un montón de sonrisas. Sin lugar a dudas, Josie recordará este memorable día durante toda su vida.

Poco después de la ceremonia, Jim nos dijo adiós. Su terrible enfermedad no dio cuartel, sin embargo, su memoria vivirá para siempre.

¡Emocionante historia, ¿verdad?! Una cosa es cierta, este hombre supo encontrar alegría en medio de la adversidad. Eso nos demuestra que, si miramos la vida con positividad, podremos vivirla al máximo, sin perdernos ni un segundo de sus cosas buenas. ¡No mires el vaso medio vacío, vive cada momento como si fuera único! Y no olvides compartir este mensaje con tus amigos, seguro te lo agradecerán…

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