El naufragio del Titanic estremeció al mundo a comienzos del siglo pasado… El 14 de abril de 1912, a las 11:40 PM, el Titanic chocó con un iceberg. El terrible impacto provocó que se hundiera en las profundidades del helado Océano Atlántico a las 2:20 AM del día siguiente. Más de 1500 personas perecieron en el acto, y solo los afortunados 705 lograron sobrevivir a esta gran catástrofe.

Hoy ¡Qué pasada! te propone conocer algunas de las historias de los pasajeros sobrevivientes del Titanic.

Jack Phillips

Un operario del Titanic, encargado del envío y entrega de mensajes desde o hacia los pasajeros, también de entregas de alertas meteorológicas al capitán.

Phillips entregó muchas advertencias de icebergs, recibidas de otras naves en la zona. Pero desafortunadamente, antes del desastre, no pudo entregar algunas, debido a la gran cantidad de mensajes que provenían de los pasajeros. Jack creyó que el capitán ya tenía conocimiento del peligro de iceberg.

Al ocurrir el accidente, Phillips comenzó a enviar señales de SOS a los barcos cercanos hasta prácticamente tres minutos antes de que el barco se fuera a pique completamente. Su acción permitió que 705 pasajeros fueran rescatados de una muerte segura.

Phillips no logró sobrevivir al accidente, pero su legado permanece en aquellos que sí lograron sobrevivir.

Alex MacKenzie

Alex MacKenzie, de 24 años, nunca llegó a subirse al barco, aunque ya tenía empacadas sus maletas y había hecho fila para abordar el barco. El billete para el viaje en el barco del siglo, sus padres se lo dieron como regalo. Pero según Alex, una extraña voz en su cabeza le hizo desistir del viaje.

La voz le advertía tan vivamente, que Alex se giró para ver si alguien le estaba hablando, hasta que finalmente comprendió que provenía de su cabeza. Él joven dio varios pasos hacia la puerta de embarque, hasta que escuchó la voz nuevamente, pero más fuerte aún. Para la sorpresa de todos, Alex renunció al viaje y regresó a su hogar.

Escuchar su voz interior, le salvó del trágico final.

Edith Russell

Edith Russell (antes conocida como Edith Rosenbaum) era una de las pasajeras de primera clase a bordo del Titanic. Regresaba a Nueva York después de dejar París, pero una intranquilidad dentro de su ser le decía que algo terrible estaba por suceder.

Antes de viajar, Edith dejó una carta a su secretaria, donde decía que odiaba salir de París, que esperaba descansar en el viaje, pero que no podía deshacerse de un extraño sentimiento de tristeza y premonición de un gran problema.

Cuando el barco chocó con el iceberg, Edith no quería ir a los botes salvavidas. Llevaba consigo su posesión más preciada — una caja de música, envuelta cuidadosamente. Alguien dejó la caja de música, pensando que era un bebe, en uno de los botes. Edith se salvó porque no quería dejar su caja de música, así que subió al bote.

Edward y Ethel Beane

A diferencia de Jack y Rose, esta pareja sí tuvo un final feliz. Estaban en el viaje de luna de miel, pero el accidente los separó. Ethel pudo embarcarse en un bote salvavidas, mientras que Edward se lanzó a las aguas heladas y nadó, hasta llegar al bote donde estaba su esposa. Definitivamente, sus ángeles de salvación estaban a su lado.

Edward y Ethel más nunca se separaron y siguieron su vida juntos.

Thomas Millar

Thomas se embarcó en el lujoso buque, después de dejarles a sus dos hijos una moneda, con la única condición de que no la gastaran hasta que el regresara del viaje. Trágicamente él nunca volvió. Uno de sus hijos se deshizo de la moneda, pero el otro logró recuperarla y aún la conserva como un símbolo del amor de su padre.

Definitivamente, los grandes sucesos dejan historias sorprendentes… ¿A ti también te parecieron interesantes? No dudes en compartirlas con tus amigos.

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