Cuando éramos un niños, a muchos de nosotros solían asustarnos con la prisión. Esa arcaica metodología de amenazar con la cárcel se usaba para tranquilizar a un niño caprichoso, para que dejara de hacer travesuras. Y es que nadie quiere ir a la cárcel, ¿no?

Para cada crimen, un castigo. Sin embargo, la mayoría de los delincuentes son puestos en libertad demasiado rápido. Sólo la peor escoria de la sociedad se sienta en la cárcel entre 20-30 años. ¡Y he aquí a nuestro protagonista de cuatro patas de hoy, quien pasó la mayor parte de su vida tras las rejas, sólo por un capricho humano!

El año pasado, a los defensores de los animales en Tailandia les llegó un anónimo. Un desconocido de buena voluntad envió a estos voluntarios a uno de los distritos de Bangkok, donde, decía, languidecía en cautiverio una desgraciada bestia.

A su llegada, los equipos de rescate quedaron en shock. ¡A través de las sucias parrillas, con unos ojos casi vacíos, les miraba un macaco adulto!

Más tarde se supo que el desdichado respondía al nombre de Joe. Vino a caer en manos humanas en 1988, cuando unos cazadores mataron a su madre.

Hasta el año 1991, lo mantuvieron como animal de compañía, pero luego creció y dejó de ser lindo. ¡Tristemente, el macaco fue empujado a esta jaula maloliente, y ahí se quedó!

Durante 25 años, Joe se aferró con sus patas a la rejilla, mirando hacia afuera. Los niños se divertían, lanzándole a la celda restos de comida, y por la noche las ratas le hacían compañía.

Los voluntarios tuvieron que ir a hablar con el dueño del mono, porque las leyes locales no les eran favorables. ¡Afortunadamente, las personas lograron comprarle el primate al dueño cruel!

Cuando los voluntarios sacaron a Joe fuera de la celda, se quedaron asombrados por la debilidad del macaco adulto. ¡Apenas se movía, acostumbrado durante décadas a sentarse en forma de una bola!

El fundador de la sociedad protectora de animales de Tailandia dijo que, durante los 17 años de su trabajo en esta área, nunca había visto un evento más macabro. ¡Por un cuarto de siglo, este mono infeliz vivió tras las rejas de una sucia y apestosa celda!

En manos de los rescatadores, la bestia comenzó a recuperarse lentamente. Descubrió el placer del cuarto de baño y comió con buen apetito, pero pararse sobre sus pies le costaba trabajo. La recuperación total sería muy lenta, pues sus extremidades se habían debilitado y atrofiado, por el encierro.

Los miembros de la especie a la que pertenece a Joe, viven un promedio de 35 años. Los voluntarios esperan que el pobre animal pueda saborear el resto de una vida normal.

Imagino que, sin la intervención de los voluntarios, este pobre animalito, que no hizo nada más que crecer, habría muerto tras las rejas de su antigua celda. ¡El mismo terrible destino que le espera a miles de mascotas exóticas en el mundo, que, al crecer, dejan de serles interesantes a sus inhumanos dueños!

Al menos Joe tuvo una segunda oportunidad… ¡El acto desinteresado de los rescatadores merece un gran aplauso, ¿no crees?! Espero que estas personas sean capaces, a través de sus esfuerzos, de cambiar la situación en el país y salvar a mucho más animales.

¿Qué opinas sobre la historia del macaco Joe? Comparte tus opiniones en los comentarios, y con tus amigos de las redes sociales.

from MusculacionFitness via tipsganamas on Inoreader http://ift.tt/2oDu9u3
via IFTTT

Anuncios