No es fácil ser un voluntario. Estas personas suelen trabajar en condiciones muy desagradables, a veces inhumanas, y a menudo son testigos de escenas, que a muchos pondrían los pelos de punta. Pero siguen ahí, porque saben que bien podrían ser la única esperanza…

El trabajo de un voluntario es de suma importancia, tanto para las comunidades necesitadas como para los animales. A veces, solo basta una persona para marcar la diferencia. Tal es el caso de nuestra historia de hoy. Advertencia: ¡Algunas imágenes de este artículo pueden ser realmente perturbadoras!

Isabella Inis, una joven estadounidense, fue de voluntaria a Kampala, capital de la nación africana de Uganda, donde trabajó en un hospital local. ¡Al ir al «Continente Negro», la chica nunca pensó que tal evento cambiaría para siempre su vida!

Si bien es cierto que las condiciones de la zona eran bastante precarias, el punto de inflexión para ella fue conocer a George, un chico de 12 años de edad. El niño fue llevado al hospital, junto con su hermano, en una motocicleta, desde un pueblo remoto del centro del país. El conductor condujo su «caballo de hierro», sin interrupción, por temor a que sus pasajeros murieran en el camino.

La situación de los niños dejó a los médicos en shock. Los niños sufrían de un caso avanzado de fiebre tifoidea. Por desgracia, por el hermano de George nada pudieron hacer, y el niño murió. Por suerte, George consiguió sobrevivir. Durante los tres meses que el niño estuvo en el hospital, Isabella nunca se alejó de su pequeño paciente.

Poco después se supo que la causa de que los niños hubieran contraído esta tan terrible enfermedad, se debía a un pozo de agua potable contaminado. Este pozo del pueblo era viejo, y el líquido estaba maloliente y lleno de barro. Sin embargo, los residentes locales no tenían ni la fuerza ni los medios para la construcción de una nueva fuente.

Cuando terminó su servicio voluntario, Isabella regresó a los Estados Unidos. Sin embargo, la difícil situación de su pequeño amigo no se borró de su mente. ¡Por eso, y con la ayuda de sus amigos y conocidos, nuestra protagonista se puso a trabajar!

Pronto, la chica consiguió reunir un fondo, a través de colectas y donativos. Entonces, regresó a Uganda. Esta vez, sin embargo, no fue sola. A su lado iban sus amigos, y un grupo de jóvenes filántropos, con suficiente dinero para ayudar al pueblo en sufrimiento.

El objetivo era crear una nueva fuente de agua pura. ¡Cuando el chorro del preciado líquido salió disparado, rumbo al cielo, los gritos de alegría de los lugareños podían escucharse a kilómetros de distancia! La buena obra de la chica le trajo mucha felicidad al pueblo…

En cuanto a mí, tal acto es más que encomiable. ¡Si todas las personas estuvieran tan dispuestas a ayudar a los demás, nuestro planeta sería un lugar mucho mejor! ¿Tú qué opinas? Si estás de acuerdo, comparte esta historia con tus amigos.

from MusculacionFitness via tipsganamas on Inoreader http://ift.tt/2sIUfhC
via IFTTT

Anuncios