Joey Prix, de 26 años de edad, de Boston, forma parte de la nueva ola de jóvenes que aman transformar sus cuerpos, en busca de la apariencia ideal, al menos según sus propios conceptos. Del pasado de nuestro protagonista de hoy no sabemos mucho. Lo que sí sabemos es que él, más que nada en el mundo, lo que deseaba era cambiar su cuerpo… ya fuera con la ayuda de tatuajes, perforaciones o cirugías plásticas.

El cuerpo de Joey es como un lienzo, un «lienzo», sobre el que es difícil encontrar un lugar que no haya sido tocado por la mano de un cirujano o un artista del tatuaje.

Hasta la fecha, el chico ya se ha sometido a un centenar de procedimientos cosméticos. Más de 150 horas pasadas en las mesas de los cirujanos. ¡Toda esta diversión, a Joey le ha costado cerca de 60 mil dólares!

Por ejemplo, este año, decidió colocarse un par de implantes de silicona en sus glúteos. ¡Los mismos, ahora se ven 3 veces más voluminosos de lo que eran antes!

Joey admite que sus nalgas parecen irreales. Sin embargo, el chico argumenta que ese es el resultado que quería.

«Todo el que me conoce, puede dar fe de yo estoy en el camino hacia mi ideal» — dice Joey. Por cierto, hasta el momento, el chico ya se ha sometido a dos operaciones de corrección de la nariz. También, se hizo eliminar las glándulas sudoríparas de las axilas. Además, una vez cada 2 meses, se ha estado aplicando inyecciones de Botox en sus labios y cara, y cada 6-12 meses, se inyecta relleno en la cara, para dar forma a los pómulos.

«La vida es mucho más agradable cuando tienes implantes en los glúteos» — dice Joey.

Él advierte a todos sus fans, que es necesario sopesar cuidadosamente todo, y considerar seriamente lo que quieran hacer, antes de ir tras sus pasos. ¡El propio Joey está seguro de que todo el dolor que ha tenido que soportar, valió la pena!

Por el momento, Joey se siente satisfecho con lo que tiene, pero no descarta realizarse otro aumento de glúteos en el futuro. «Las sensación es tal, como si tuvieras dos enormes globos de agua. Algo realmente fresco para sentarse, yo los amo mucho. La gente, a menudo, me pide permiso para tocarlos»— dice el joven.

Como comentamos al inicio, en la actualidad son cada vez más las personas que buscan encontrarse a sí mismas en las mesas de un salón de operaciones. Entonces, cabe la pregunta: ¿Realmente encuentran allí lo que buscan? De ser así, pues, felicidades… ¡La vida solo es plena si te sientes feliz contigo mismo!

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